miércoles, 21 de marzo de 2018

El aborto - Editorial publicado en Notiserrano166


El aborto
Consideraciones a tener en cuenta, 
si es que utilizamos el pensamiento como parte de la razón 
y no sólo respondemos de manera emocional básica.

Por José Luis Thomas


Tenemos que considerar:

La vida
La mujer
El feto
El ser persona
Las prioridades
La religión

Estamos de acuerdo en preservar la vida, sea cual fuere, humana o de otras especies.
Esa preservación debe ser en todo sentido, no sólo en el que incluye al aborto.
Preservar la vida es cuidar a los seres que han nacido.
Cuidar la vida es darle lo mejor siempre, desde el nacimiento hasta la muerte.
Antes de pensar en el aborto, pregunto:  ¿se cumple esta premisa fundamental?
Porque el aborto sería una parte ínfima del trayecto.
Es decir: cuando nos ponemos emocionalmente duros con el tema del aborto, pregunto: en el interín, ¿qué hacemos para defender la vida toda? ¿O sólo nos volvemos conscientes de la vida con respecto al feto?
Es decir parece ser importante que el feto viva, pero luego de que nace nos desligamos de su suerte. ¿Esto no es hipocresía?
¿Y qué hay de la mujer? ¿A quién le importa el ser humano que es ante todo, y la  determinación que pesa sobre ella, que parece condenarla a subordinarse a lo que el varón y la sociedad le imponen, nada más que por el hecho de haber nacido hembra de la especie?
Tanto el macho como la hembra de la especie son “personas” y con ello adquieren condiciones propias de esta  clasificación: singularidad, autonomía y libertad.
Luego, tanto el macho como la hembra, no están aislados, son parte de la sociedad y ésta tiene una conformación y un modo de funcionar, que no siempre, casi nunca, contempla las prioridades y los cambios que surgen de la evolución. La tendencia general es quedarse en el pasado mientras la vida fluye y cambia.                                                                                                 
 La sociedad tiende a cosificarse, a permanecer atada a leyes obsoletas y a postulados creados en otros momentos históricos y en otros contextos y dentro de un determinado estadio del pensamiento. La vida cambia de instante en instante, la ciencia y la tecnología influyen en esos cambios y tenemos la obligación de adecuarnos para no cortar el flujo de la vida.
El ser humano tiene que dar de manera espontánea, el paso a las prioridades, dentro del marco de un momento y una determinada situación.
No puede la sociedad mirar para otro lado amparada en una idea romántica de la vida y de lo que debe ser, mientras la realidad sucede de la forma más cruenta y abandonada a su suerte.
Las cosas pasan, las muertes son diarias a causa del aborto clandestino, pero pretendemos que no pasan porque anteponemos una “ley” ideal que supuestamente protege la vida. ¿Y qué pasa con la vida de la mujer sometida a la presión y a la desprotección? ¡Qué¡ ¿La mujer no es una vida que hay que proteger?
Es más lícito cuidar de la vida de un adulto que es parte de la sociedad, que la de un feto que será lanzado a un mundo, a una sociedad que lo abandonará.
Y luego tenemos las religiones. Todas materialistas, generadoras de guerras y matanzas, son las menos indicadas para hablar de la vida.
En sus filas se dan los más abominables crímenes contra el amor y la vida.
Por lo general las religiones no tienen nada que ver con la “vida espiritual” con el amor y con la conciencia despierta hacia la vida toda.
Las religiones son organizaciones humanas, politizadas, que se sostienen mediante estructuras de poder que dejan traslucir las peores debilidades humanas.
Engendran miedos, hipocresía, falsedades de todo tipo.

Creo que hay que dejar de lado la sensiblería, para darle paso a la razón y a la vida misma que se expresa en la realidad “que es”, no “la imaginaria que cada uno acomoda a su manera”.
Tenemos que sincerarnos, ser auténticos, libres, abandonar el temor y de allí surgirá un tipo de ser humano que controlará la natalidad de manera espontánea porque la mujer y el varón serán seres libres, que basen sus vidas en el amor, y cuando se siente amor crece en el ser una educación natural que comprende desde adentro el sentido de la vida.
El aborto legal es un modo de desarticular la muerte clandestina, un modo de cuidar de la mujer como ser humano que es y no “en la idea de que es una hembra condenada a procrear aunque no lo desee, contra su voluntad y en cualquier condición” Se supone que los humanos por medio de la razón hemos trascendido la determinación que aún pesa sobre los demás seres vivientes.
Una mujer tiene que poder abortar si considera que no es lo conveniente para su vida, sea por la razón que fuere.
De lo contrario la sociedad toda tiene que dejar de “matar” en la variada y sofisticada gama de formas en que lo hace, que parece aceptar como parte natural de la vida.
Por favor, ¡¡¡¡¡¡NO SEAMOS HIPÓCRITAS!!!!!!!
José Luis Thomas

martes, 19 de diciembre de 2017

Democracia versus populismo - Nota publicada en Notiserrano 163

Democracia versus populismo 

Una batalla camaleónica que desconoce la naturaleza humana


Por José Luis Thomas


Así parecen estar las cosas en el mundo; no es nuevo, pero podríamos considerar que por haber llegado hasta el tercer milenio, los humanos deberíamos haber aprendido algo; algo de la naturaleza humana; es decir de las condiciones propias del ser en situación;  puesto ante la realidad material del vivir, partiendo de su naturaleza primordial y más evidente: su animalidad. Realidad que se manifiesta en primer lugar por los sentidos, que no son ilusorios, ni ideales, son los que nos conectan con lo que está afuera, en ese espacio externo a nuestra interioridad, pero que se rige por las impresiones que recibimos y transformamos de acuerdo con nuestra condición interna formada por lo adquirido: ideas, cultura, genes y toda la información acumulada heredada y propia.
Tres mil años para la convención de considerar la historia contemporánea a partir de Cristo; pero como un iceberg, la mayor parte viene de antes, está debajo de esa pequeña porción que emerge con nosotros coronando la idea de la vida en el planeta.
Son muchos años para seguir repitiendo errores y continuar como si la humanidad no hubiera, llegado una y otra vez a conclusiones que presupondrían haber aprendido algo.
El problema, como siempre no es intelectual, ni basado en todo lo que las palabras proponen; está relacionado con la evolución emocional, esa inteligencia que presupone haber trascendido las ideas para responder a un conocimiento más sensible, propio de quién capitaliza la vida como un todo, no dividida, como nos han enseñado y sobre cuya base construimos las relaciones, que por ende, siempre están enfrentadas.
La evolución es una conjunción de aprendizajes que recién se convierten en capital cuando el ser humano lo pasa por el transformador de la conciencia emocional; es decir, cuando deja de considerar al intelecto como el dueño absoluto de la evolución y comprende que la vida es una interrelación de conexiones vinculadas con la conciencia presente, holística, la que siente lo “que es”, y lo separa del pasado, cuya información nutre su noción de ser, y entonces, se permite “ver lo que es” y fluye a partir de esa noción básica.
Las palabras, los conceptos, los ideales de todo tipo, son hermosos, maravillosos para darle pasto fresco a la mente que se considera dueña de la vida del hombre, pero que lo engaña todo el tiempo y que utiliza los sentidos para mostrarle lo que éste quiere ver, lo que quiere vivir, y sentir. De esta manera puede vivir engañado toda su vida creyendo que era dueño de sus pensamientos y conceptos. Todo cambia todo el tiempo y hay que estar presente para darse cuenta de esa transformación; de lo contrario uno aplica la fórmula de lo que sabe a todo lo que se le presenta, porque así nos lo enseñaron, pero esa fórmula viene del pasado (muerto) y lo único vivo es el presente.
Estas apreciaciones generales son un modo de introducir el tema que presento como “Democracia versus populismo”, desde una formulación metafísica, como modo de responder, no ya, a los problemas objetivos y sus causas (aparentes), sino a la esencia que engloba toda la vida como un solo acontecer.
El populismo es la forma primera de agrupación humana, es por lo tanto puramente instintiva, responde a las emociones más bajas (no en sentido peyorativo), primarias, materialistas y que no tienen umbral de frustración; no interviene la conciencia como modificador de ese conjunto de sensaciones, siempre aportadas desde afuera, desde un líder o mesías que construye un relato épico y pareciera proteger a sus seguidores, creándose así,  una epopeya en la que para ser tal, tiene que establecer enemigos contra los cuales arrastrar a la muchedumbre a luchar, en nombre de ideales y llevando a la masa a desconocer su naturaleza básica: humana, igual a todos los de su especie en el planeta.  Esto ha sido así en la historia y lo sigue siendo en el presente; por eso comencé diciendo que no hemos evolucionado como especie. En todo caso la evolución es aparente, ficticia, superficial.
Esta manipulación de la sensibilidad popular basada en la falta de cobertura de sus necesidades básicas es “esa puerta fácil” por la que filtrarse e impulsar al individuo a perder su individualidad, creer en una salvación mesiánica (lo mismo sucede con las religiones fundamentalistas) en la que los líderes gozan de vidas opuestas a  lo que rezan sus consignas de lucha: se vuelven seres amantes del Poder y llevan a sus seguidores a idolatrarlos, considerando que esa opulencia de vida, les corresponde puesto que los protege de los “enemigos” y les provee “sin esfuerzo” una forma de vida básica. Donde como en todo comportamiento mafioso, hay algunos cercanos al Poder que gozan de mayores beneficios, todos sustraídos a la totalidad, al pueblo.
Se puede considerar al populismo un modo facilista que no depende para su continuidad del trabajo, sino por el contrario del rechazo a lo que significa como medio para construir y edificar la vida personal próspera y por ende la de un país. El populista se acostumbra a depender del “líder”, “patriarca” “cacique”, “dictador”, que le dice lo que necesita, y   se lo suministra, sin que medie el esfuerzo para lograrlo; convierte la libertad individual, la autonomía, en un disvalor, y genera un ser emocionalmente dependiente y embrutecido, que sólo ve por los ojos del líder que lo controla mediante largos discursos grandilocuentes y no puede comprender nada que salga de ese encuadre partidario; se vuelve militante y por lo tanto anula su propio pensamiento y aprendizaje de la vida, para darle paso a una revolución “falsa”,“fatua” contra un falso concepto de la realidad creado por quienes propician el movimiento. No significa que el enemigo creado sea irreal, sino que, “sin haber evolucionado hacia una comprensión real de la vida” diferenciándose así del supuesto enemigo, lo emulan desde su negatividad y terminan siendo lo mismo, visto del revés de la trama. Lo grave es que los seguidores no se dan cuenta, y los que lo hacen, prefieren usufructuar los beneficios (de corto alcance) sin poner enfuerzo personal para obtenerlo.
Basta con mirar la historia del hombre. Seguir su derrotero y pensar, comparar, establecer una mirada compensatoria y equilibrada de la discapacidad consecutiva de las civilizaciones humanas para dar con un modo de pensar y actuar en sintonía con la vida.
¿Por qué fracasan las Democracias, si han demostrado ser la mejor forma de gobierno? Porque en esa creación ideal, no se tiene en cuenta la naturaleza del humano que se sirve de ella.
Cuando los griegos crearon la Democracia presuponía una comprensión de la naturaleza humana y un modo de organizarla de la forma más equitativa posible. Por eso, se refuerza luego con los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad; sin embargo no alcanza para controlar la naturaleza humana dominada por la “codicia que crea el pensamiento”, que no ha evolucionado, (o que lo hace de manera diferente en cada ser)  y que cree en la “materia” y sus creaciones, como el conducto por el que pasa y se nutre la vida; valora la materialidad del pensamiento y queda preso de sus vaivenes. Se encandila con la rutilancia del intelecto.  Se encarga de darle forma, interpretarlo y consentirlo como si fuera posible “captar para siempre una permanencia de todo lo que ama y desea” aunque sabe al mismo tiempo que todo pasa, pero no lo “acepta”.
La Democracia se vuelve aburrida para una mente no evolucionada, no quiere orden, necesita romper con la monotonía que propone estar en armonía con la vida.
El hombre no evolucionado necesita alejarse del concepto de muerte en el que está atrapado inconscientemente y por eso “el populismo” y sus batallas contra ese enemigo irreal, le dan cierta garantía de estar vivo; pero está muy muerto, lejos de sí mismo, de su identidad, de su autoconocimiento, de su autocontrol, de su integridad y no reconoce su naturaleza atrapada entre el pasado y el futuro.
El populismo adhiere a la irregularidad de “movimiento”; suma  ideales separatistas y contrarios al orden establecido; es decir rechaza el orden que propone un “partido político” y propende a alimentar todo lo que no le exige esfuerzo y autodominio; le resulta más fácil seguir a un “iluminado de cera” que hacerse cargo de sí mismo, que no sería otra cosa que asumir la responsabilidad de vivir, por eso, sólo pide por “derechos” sin darse cuenta que está dejando fuera  a sus congéneres por los que supuesta y autoengañosamentemente pelea; no sólo a los contrarios, sino a los de su misma laya.
El populismo, más que nada, divide, separa en castas, grupos étnicos, sociales, religiosos, políticos, creando un híbrido informe y ciego que termina por fagocitarse, puesto que para vivir necesita de la confrontación, de la violencia verbal y de hecho. Su ideal más nítido: tener un enemigo.
Esa fagocitación se subordina a lo que es en sí mismo su alimento: el depender de otro para darle sentido a la propia vida. Es una estabilidad efímera para lo grupal y peligrosa en lo individual, porque el sujeto dependiente siempre creará enemigos y disconformidades provenientes de afuera, porque de no hacerlo tendría que asumir las riendas de su propia vida, aceptarse y comenzar a cambiar sus pensamientos como creadores de lo que siente y por ende de la realidad en la que vive, reflejo de su actitud ante sí mismo, y ante los demás. Deberá despertar y verse a sí mismo y a la realidad tal como es -la realidad de ser humano, no sólo la de su ser social, que por ser más inmediato pareciera más real-  Pero no puede hacerlo porque está atrapado en la dependencia y todo intento de salirse significa “trabajo” y ya está captado por la vagancia en todo sentido. Lo indujeron y utilizaron al facilismo y no le interesa salir de esa huella.
Democracia versus populismo; es un batalla camaleónica. Es parte de una utopía grupal. Los cambios son individuales porque dependen de la mentes abiertas a la comprensión emocional y holística. La sociedad está cada vez más articulada en una idea materialista de la vida donde nada queda excluido: Derechas, izquierdas, centro, en los ideales políticos, dependen de la naturaleza  sensible de quienes “por adhesión intelectual creen haber llegado a una forma ideal de gobierno” sin darse cuenta que están atados a esa naturaleza que depende de lo que llega por los sentidos de manera instintiva y que sí o sí, necesita de un procesamiento conjunto de la mente y la conciencia para “separar lo valioso, real, auténtico y vivificante” de lo falso y efímero. No siempre “el despotismo de los instintos básicos” sueltan a su presa; son milenios de tenerla engañada; sólo algunos logran salirse y escapar a campo traviesa por un desierto que contiene todo lo que necesita para vivir.
El universo es un “todo”, una matriz en la que todo está conectado, nada queda fuera de esa energía creativa; los hombres somos parte de esas conexiones vitales; crear separaciones de la índole que sean, nunca traerá progreso sostenido y felicidad duradera.
La batalla Democracia versus populismo, es parte del juego humano que cree que lo mantiene vivo, entretenido y despierto entre la cuna y la tumba. Por eso la humanidad no cambia y a pesar de las evoluciones tecnológicas, científicas y artísticas, choca siempre con la misma piedra, aún con la evidencia de que ninguna de las grandes religiones, sobre todo las fundamentalistas, le han brindado una salida acorde a sus ruegos -es que no se dan cuenta que en lugar de trabajar para sí, esperan que un dios, haga el trabajo por ellos.
José Luis Thomas

viernes, 14 de octubre de 2016

Ser Argentino ¿Es para estar orgulloso? Publicado en Notiserrano 153

Ser Argentino

¿Es para estar orgulloso?

Por José Luis Thomas

Ser argentino es una cosa rara. Son ejemplares disparatados, contradictorios, soberbios, nefastos, incoherentes, falsos; inmaduros, están en la etapa oral, en la que no tienen umbral de frustración y siempre están esperando y exigiendo lo que sea, sin conciencia de la realidad. Viven en un mundo entre la insatisfacción y la demanda constante; pero no se les ocurre considerar que la conducta y la acción que realizan es o debe ser  parte de la solución o en su defecto de los conflictos que padecen generación tras generación, recargados.
No me equivoco si digo que esta disfuncionalidad es fundacional; llegó con los barcos, se unió al originario de estas tierras y creó un híbrido emocional ciento por ciento, con tendencia a la vagancia, a la exaltación de  fetiches, caudillos, y se acogió a los beneficios de esperar que otros resuelvan los problemas.
Es su naturaleza desconocer las leyes asumiendo con ese mote de “piolas” un rasgo peculiar y abusivo,  en pos de tratar de hacerle una gambeta a las situaciones, eludir responsabilidades y encontrar salidas oportunistas, casi siempre unidas al famoso “amiguismo” con el poder que sea que corresponda.
Está muy de moda exigir “derechos” en lo que sea, y son astutos en encontrar la forma de hacerse de beneficios, sin su correspondiente esfuerzo.
Cuando están en la mala, se vuelven mansitos, piden con una humildad forzada y cuando son levantados de su caída, por lo general, muerden la mano del benefactor; lo juzgan y comienzan a exigir y a compararse con su benefactor, demandándole, no de acuerdo con su valía, sino con los bienes del otro.
Siempre tratan de sacar ventaja.
Siempre especulan.
Siempre usufructúan del trabajo ajeno.
Los corroe la envidia.
Se compara todo el tiempo con los demás y hacen lo posible por emularlo.
Cada vez son más ignorantes.
Reniegan del que sabe y siempre están dispuestos a considerar que ellos en su lugar harían las cosas mejor.
Todo Argentino, sabe lo que hay que hacer y tiene las soluciones para todo, pero no como alguien que duda; sino con la más absoluta certeza.
Si el gobierno de turno lo favorece en lo personal, NO LE IMPORTA DEL RESTO, NI DEL PAÍS, defenderá hasta que las papas quemen a su benefactor, aún a sabiendas que es corrupto, y malversa los fondos públicos.
Tiene la capacidad para dar vuelta en el aire los desaguisados y encontrarle un lado que le convenga.
Le caen simpáticos los dirigentes carismáticos y se enfilan detrás sin medir consecuencias.
El argentino despotrica contra todo, pero si puede, se aprovecha de lo que le ofrezca su adversario, sea persona, grupo, o país.
Es falso, hace como el tero, pone los huevos en un lado y grita en otro para despistar.
Adolece de autenticidad, y cuando por fortuna deja de ser pobre o clase media, se vuelve un nuevo rico insoportable, con lo cual pone en evidencia su mediocridad.
Ser argentino es una tarea que requiere un trabajo de veinticuatro horas para mantener alineadas las dos o más caras de su personalidad.
Vive de ideales; cree ser de izquierda mientras vive de derecha.
Es hipócrita.
Ya ganado por un populismo nefasto, producto del aumento indiscriminado de la población más ignorante y limitada en todo sentido, se acentúan aún más los males genéticos, fundacionales.
La educación está en caída vertiginosa y para colmo de males se cumplen las palabras de Discépolo: Lo mismo un burro que un gran profesor……/ todo es igual, nada es mejor….
Ser argentino es un dolor que “se lleva en el costado, sin palabra, ni grito” parafraseando al poeta Leopoldo Marechal.
Se sufre ser argentino, si se tiene conciencia, y se ve la vertiginosa caída moral, ética, democrática y republicana. Son sólo palabras vacías de contenido.
Los argentinos son astutos para manipular las palabras y usarlas en relatos y discursos encendidos -emocionales, como decía al comienzo- puesto que sabe que esa condición es propia de sus congéneres.
La conciencia produce impotencia.
La conciencia nos deja solos ante la devastación.
Nuestro país, en el que viven los argentinos, está como luego de una larga inundación: mientras más bajan las aguas, más se pronuncia y muestra el desastre.
El mayor desastre es la naturaleza argentina; la conducta de los argentinos, la moral de los argentinos; si eso no cambia, todo es cartón pintado.

Seguro que al terminar de leer esta nota usted se considerará la excepción:
Le tengo un secreto: todos los argentinos consideran lo mismo.
Pero no se preocupe: hay excepciones, no tantas como uno quisiera, pero podrían alcanzar para transformar o CAMBIAR este hermoso país.
José Luis Thomas

viernes, 27 de mayo de 2016

Lo que pasa y nosotros ¿Somos activos o pasivos? Nota Publicada en Notiserrano 150

Lo que pasa y nosotros
¿Somos activos o pasivos?
Por José Luis Thomas

Pasan muchas cosas en nuestro país; más de las que podemos asimilar. Noticias, más noticias que se suman y no dan tregua. La mayoría opta por desentenderse para poder seguir adelante, me pregunto ¿es eso lo que hay que hacer? Por el hecho de desentendernos ¿las cosas cambian? ¿cerrar los ojos es suficiente para que lo malo desaparezca? ¿es preferible ver o no ver? ¿hay que involucrarse o dejar pasar? ¿dónde está el límite de la identidad?
Es difícil responder desde la totalidad, o desde una solución lo más abarcativa posible, por eso, elijo hacerlo desde mí;  mi experiencia, que involucra, por otro lado, mi cintura, es decir mi capacidad  para enfrentar lo que es. Cada uno tiene una dimensión de cintura. Eso sí, todos somos argentinos, por nacimiento, por elección o por accidente permanente o temporario; lo que hace uno, repercute en los demás, aunque no lo veamos.
Pero no quiero apartarme de mi decisión de hablar de mí.
Soy argentino, tengo 62 años, tengo una vida, soy una persona, por lo tanto puedo elegir cómo ser y cómo vivir, lo cual involucra deberes y responsabilidades. Soy parte de la sociedad y lo que digo y hago está circunscripto por esos dos valores fundamentales dentro del ser ético y moral: el deber y la responsabilidad.
Puedo hacer lo que quiero; es decir, puedo avenirme a las reglas y respetarlas o ser trasgresor; las dos opciones tienen validez para vivir en sociedad, el tema es: ¿cómo vivo? y ¿cómo lo hago en relación a los demás? Hasta dónde el respeto y hasta dónde, cómo y cuando la transgresión.
Y al mismo tiempo soy un ser libre y autónomo, puedo elegir cada cosa que digo y hago, siempre dentro de esos dos caminos: dentro o fuera del orden.
Pero no todo es blanco o negro, las dos posturas se tiñen de gris cuando la vida nos pone ante situaciones que requieren una respuesta vital.
Y dentro de este sistema binario, puedo elegir ser pasivo o activo; es decir, hacer o dejar que otros hagan, lo cual nuevamente me pone ante la disyuntiva de ser coherente con los resultados.
Yo elijo y elegí siempre ser activo, es decir comprometerme con la realidad en el marco de mi naturaleza y mi profesión ¿qué quiero decir con esto? Que tengo límites: no impulso la violencia, no adhiero a los enfrentamientos belicosos en ningún sentido; no avalo las guerras, ni los totalitarismos; no suscribo nada que sea populista, ni comparto ideales o acciones fascistas, neonazis o fundamentalistas.
Puesto esto en claro, en el ejercicio de mi naturaleza activa, hago algunas cosas o acciones propias de quienes tenemos ésa dinámica: voy al frente, digo lo que considero que debo decir sin temor a represalias, utilizo mi pensamiento y mis conocimientos profesionales para aportar desde ellos, conceptos o filosofías tendientes a elevar el nivel de información de mis congéneres y acercar, por medio de la palabra, claridades, que a veces, no son vistas por las mayorías o por quienes en su condición de pasivos, no han podido o no se atreven a  discernir.
Utilizo la “asociación” de ideas, conceptos y fundamentos históricos, para evaluar la realidad y realizar de manera espontánea un relevamiento que me permita inferir de los hechos, aquellos comportamientos y acciones permanentes dentro de las variables relativas del accionar político y social.  Mi naturaleza activa, que por otro lado cultivo con placer, tiene una funcionalidad de radar alerta que me permite ver la realidad sin dejarme atrapar por ideales, emociones, sentimientos religiosos o motivaciones de índole costumbrista; puesto que la vida es una energía en constante cambio; pero el ser humano, por muchos motivos, permanece anclado en ciertas determinaciones que lo descalifican para seguir ese movimiento natural del universo; por eso vemos que a los largo de su extensa historia en el planeta, aún pelea y sufre por las mismas cosas. Nada ha cambiado en su naturaleza básica e instintiva: amor, odio, violencia, envidia, gula, avaricia, lujuria, entre otras, las sigue ejerciendo con la particularidad de haber sofisticado sus mecanismos de ejecución. Es notorio que en el curso del tiempo en el que todo parece repetirse, porque no ha evolucionado hacia coordenadas superiores, no haya aprendido a utilizar la libertad para liberarse de esos atavismos fatuos.
Todavía no aprendió que los cambios son individuales y de conciencia. Aún espera que las transformaciones fundamentales vengan de afuera, de líderes, organizaciones, revoluciones, religiones, etc. En lugar de volver a su interior, a la observación de su propia naturaleza y conductas –asociarlas al resto de los mortales, a los que juzga y de quienes se despega comparándose– y realizar una verdadera y fundamental trasformación de conciencia: ya que así como es su pensamiento, es su vida; los sucesos que la avalan y las relaciones con los demás.
La acción individual, el aporte personal a las problemáticas socio-políticas, convertidas en actos y conductas referenciales, sin dudas funciona como disparador y despertador de otras conciencias sumidas en la impotencia, la desvalorización y los determinismos culturales que le impiden pensar por sí mismo.
El temor es parte de ese engranaje fatal para vivir vidas íntegras. Es más fuerte el fantasma del temor de lo por venir, que lo que en verdad sucede cuando nos atrevemos a tomar las riendas de la propia vida y llevarla adelante con determinación y autenticidad, y será esa imagen misma la que refrendará con su energía los espacios y situaciones donde nos toque actuar. Ésa es la energía transformadora que se da sin palabras, sin necesidad de pertenecer a ningún credo o agrupación anclada en alguna ideología; ese compartir con sencillez, por medio de actos claros, espontáneos, auténticos y libres, hace contacto con la energía de los demás y les aporta una luz en el camino hacia la propia transformación.
Todo lo demás, grupos, organizaciones creadas para el bien, son espejismos que terminan por ceder a la explosión de la naturaleza desconocida e incontrolada de sus integrantes y a la larga pierden fuerza y se diluyen en la contundencia de la conducta humana instintiva, permisiva, sensual  e ignorante de sus propias debilidades, aunque crea manejarlas con viveza, terminan por despojarlo de todo lo que no tiene asidero en la esencia sutil.
Pero cuando el ser se vuelve una luz para sí mismo y es honesto y está atento a su relación con la realidad cambiante de instante en instante, se convierte en una fortaleza y un faro sólido y cierto, no sólo para sí, sino para toda la vida y los seres con los que comparte la experiencia de vivir. Sin dudas cuando se llega a esta convicción se sabe cómo responder a las preguntas que dieron inicio a esta reflexión y se diluye el ego en la totalidad, en el bien común, en sintonía con la vida toda.

José Luis Thomas

viernes, 27 de noviembre de 2015

Nota publicada en Notiserrano 146; Transformación, cambio, conciencia despierta

Transformación, cambio, conciencia despierta

Los cambios que afectan a las sociedades son individuales

Por José Luis Thomas

Por estos días de campañas políticas y de una fuerte diversidad de opiniones, hemos participado de una verdadera puesta en escena de la naturaleza humana.
Hemos visto, oído y compartido con personajes muy distintos. Se polarizó la opinión y algunos la manifestaron abiertamente y otros, como siempre sucede, estuvieron agazapados esperando para ver hacia dónde se inclinan las aguas, para expresarse luego. Esto es como decir que algunos trabajan y otros viven del trabajo ajeno.
Estamos un poco hartos de toda esta parafernalia política, de escuchar a los candidatos, sobre todo en un año que se caracterizó por tener varias elecciones.
Pero como bien sabemos “todo pasa”, pasa lo bueno y pasa lo malo. En la gran marea cósmica, la conducta humana que caracteriza estos tiempos también pasará, aunque lo esté haciendo en forma imperceptible.
Lo interesante no es la conducta social, sino la conducta individual, que es la que en definitiva conforma el estado social. A ése estado de conciencia es al que debemos apelar para esa transformación soñada. Sólo el profundo diálogo con el ser interior, es lo que hará la diferencia. Ese cambio, no es resultado de la suma de conocimientos, sino por el contrario, de la resta; es decir, del vaciado de los contenidos que determinan una forma de pensamiento, ese arrastre de conceptos cerrados que impiden el paso de la luz,  para alcanzar visiones de “lo nuevo”. Este proceso no es una receta para ser aplicada en forma masiva; es lo que llamaríamos: un despertar de conciencia, de haber llegado al fondo y desde allí repicar para volver a la superficie transformados por la renovación del pensamiento. Esto no es nuevo: ya lo decía San Pablo en su epístola a los romanos (12:2): “transformaos por la renovación de vuestra mente”.
Este despertar significa muchas cosas: comprender nuestro lugar en la infinitud del espacio tiempo del que somos parte y esencia. Comprender esa dimensión inconmensurable debería servir para que el ser, la persona humana, comprenda que la materia no es la “gran hacedora” sino el resultado de las formas sutiles que devienen de ese proceso infinito que es el pensamiento cuando tomamos conciencia. La conciencia es el espacio en el que se mueve el pensamiento.
Vemos por estos días, “la locura del poder”, de los que por escasos años (porque siempre son escasos ante la dimensión universal del tiempo) han creído ser indestructibles y se han abarrotado “de confort”  en detrimento de la mayoría del pueblo, en la que los partidarios sostienen ese devaneo y esa afrenta, en la “inocente creencia de estar defendiendo ideales”, que el poder utiliza para alcanzar impunidad y más tiempo en el abuso de sus potestades. Vemos, decía, cómo se está desmaterializando, y pierde fuerza  ante el avance de una conciencia que no viene de la materia, sino de la transformación del pensamiento; que no tiene, peso, ni color, ni aroma, ni forma, pero que sin embargo cambia los procesos por los cuales comprendemos la realidad.
Hemos visto y vemos, la pasión; algunos la enarbolan en defensa de bienes que involucran a todos en forma objetiva e independiente, sin buscar privilegios personales; y otros, en cambio, llenan la pasión con resentimiento, con ceguera que les impide ver las diferencias, están pegados al pasado desde el que juzgan el presente, y por ende no pueden ver lo que emerge, lo nuevo, lo renovado, lo que es parte de una comprensión libre de ego.
Las pasiones que adhieren a líderes vivos fanáticos o a líderes muertos, pertenece a seres que no han evolucionado, que quedaron pegados a un pasado, que como todo pasado, no existe. La vida es cambio constante, renovación permanente y esa mutación es producto del amor, es decir de una fuerza que no está atada al rencor, ni al resentimiento, ni a la venganza, sino a la vida y toda vida es ahora y aquí, en presente.
Los seres que se dejan llevar por el miedo, son hojarasca que arde y se consume en su propia ignorancia; una ignorancia emocional (no estoy hablando de ignorancia intelectual) como ya dije, toda mente que no renueva sus aguas, se estanca y mata toda vida.
Los que adhieren sólo a líderes o ideales que no plantean idea de conjunto, están cegados por la necesidad de que alguien o algo los conduzca; han perdido o nunca han descubierto la posibilidad de ser “Una luz para sí mismos” es decir: seres que se transforman porque están despiertos y permiten que la vida los inunde y les muestre el camino de la evolución y el cambio.
Claro, que para estar despierto y ver lo que es, debemos tener una conciencia universal, no egocéntrica, ni adoctrinada; debemos estar despojados de los deslumbramientos que produce el encandilamiento material, como si este pudiera ser determinante de los procesos reales de la continuidad de la vida.
Para no caer en una visón sólo teórica, miremos la historia. En ella aparecen civilizaciones y personajes en todo el mundo, desde la aparición del primer hombre, cuyas místicas dejaron paso a otras y a otros y así ad infinitum.
Hay momentos (algunos parecen muy largos y más si a uno le toca vivir durante su manifestación) que ponen en escena a personajes que llevan adelante la “luz o la oscuridad de la mayoría); no surgen porque sí, expresan esa conciencia popular, que a medida que se manifiesta en los procederes externos del líder y sus secuaces, “comienza a reconocer su propia conducta” y nuevamente cambia y deja de sostener el andamiaje que mantiene a esos sujetos en el poder.
Las transformaciones individuales son las que se vuelven sociales, por eso es tan importante apuntar a esos despertares desde una concientización, no basada en palabras, ni en ideales, sino en conductas; “lo que nos transforma es sentir el cambio en la coherencia de quienes, libres de ataduras basadas en el pasado, dejan que sus mentes y sus conciencias capten los cambios, y se sincronicen con lo que muta de instante en instante, aunque nos parezca que todo está igual”.
José Luis Thomas

domingo, 26 de julio de 2015

Herencia, nota de José Luis Thomas, publicada en Notiserrano

Herencia

Por José Luis Thomas

Los argentinos hemos tenido gobiernos de todo tipo, que dejaron sus huellas, unos más que otros. Hasta ahora.
Podemos superar un gobierno autoritario ¿Pero cómo se supera un sistema autoritario?
¿Cómo se vuelve de la ignorancia?
¿Cómo se vuelve del clientelismo?
¿Cómo se vuelve del adoctrinamiento partidario en favor de unos pocos?
¿Cómo se vuelve del populismo exacerbado?  ¿Cómo se vuelve de la inmoralidad? ¿Cómo se vuelve de la corrupción vertical y horizontal? ¿Como se vuelve de una Justicia adicta?
¿Cómo se vuelve de un país dividido?
¿Y Cómo de un país hipotecado?
Los gobiernos que nos precedieron fueron como una sola golondrina que no hace verano; pero el actual, hizo el trabajoso, pero certero camino del agua, poco a poco, y en medio de dádivas, fue cerrando el cerco y ahora, el espíritu argentino está preso en su propia ignorancia.
¿Cómo se sale compatriotas de esta ceguera?
¿Cómo se sale de las ambiciones materialistas que cierran filas temerosas de perder las dádivas con que se las ha comprado?
¿Cómo se recupera la libertad de expresión masiva?
¿Cómo se vuelve de la ilusión pseudo-igualitaria con postulados de izquierda, pero salidas de estructuras de derecha?
¿Cómo se logra que las mentes obnubiladas por un relato perverso, mentiroso y falso, recobren el sentido común y la capacidad para discernir entre lo que es falso y lo verdadero?
¿Cómo se logra que esas mentes recobren su identidad y puedan darse cuenta de la incoherencia entre el discurso, el montaje y la realidad?
¿Cómo se recupera la libertad?
¿Cómo se recupera la miseria real y la conciencia sobre ella?
¿Cómo se recupera la identidad argentina?
¿Cómo se puede hacer para que los argentinos despierten y se den cuenta que la única ideología es la realidad?
¿Cómo hacer para que los argentinos dejen de comprar humo?
¿Cómo hacer para recuperar la patria?
¿Cómo hacer para recuperar la República?
¿Cómo hacer para recuperar la dignidad?
¿Cómo hacer para recuperar la Democracia real, no la que está dibujada?
¿Cómo hacer para que el pueblo se dé cuenta que la riqueza y la pobreza son dos aspectos intrínsecos de su naturaleza? Y que son estados intercambiables y que ni el uno es malo ni el otro bueno, porque sólo depende de la conciencia que administra la riqueza o la pobreza en determinados momentos y circunstancias de la vida.
Son preguntas que atormentan el sentido, mientras uno ve cómo, poco a poco y paso a paso, se destruye un país con mentiras, relatos falaces, inmoralidad, corrupción, impunidad y atropellos, ante la mirada complaciente de un amplio sector, que aún no se dio cuenta que un país es más que un partido político, que un personalismo exacerbado, que un líder, que una idea o un modelo y que la salida no la dan unos pocos iluminados de turno, sino todos y cada uno de los habitantes con honestidad, trabajo, justicia, lealtad, fraternidad, respeto y libertad.
La historia del mundo nos cuenta que nada dura para siempre, que ningún iluminado fanático y ciego pudo atravesar las fronteras del tiempo y los cambios que se dan por generación espontánea y renuevan las bases hasta convertirlas es fragmentos de nada.
El cambio y la respuesta a las preguntas que he formulado, está en cada uno de los argentinos que aún es dueño de sí mismo, que no está zombinizado, y que puede elegir entre la esclavitud, la inmoralidad y la mentira o la verdad, la libertad y el trabajo como fuente de toda dignidad y crecimiento real y duradero, sobre el cual desarrollar las facultades y los dones que cada uno puede aportar al conjunto de la sociedad.
José Luis Thomas