viernes, 2 de marzo de 2012

¿Cómo aplicar “Los Derechos Humanos” a la vida cotidiana, sin llegar a pleitos?

Una manera de hacer viva la letra

Por José Luis Thomas
Hay mucho material sobre Los derechos Humanos. Escrito y oral. Con fundamento y con delirio. Son términos que se manejan con mucha soltura por estos días. Por eso me he preocupado por ir un poco más allá o dicho de otro modo, alejarme para mirar con perspectiva.
Y como todo acto de observación de la realidad en la que se manifiestan estos clamores sociales rozando los bordes más opuestos, se vuelve interesante establecer un punto de partida o un ángulo desde el que mirar con objetividad. Asimismo se necesita un catalizador para poder analizar lo que surja de esos elementos que componen la sustancia observada.
En este caso el catalizador será “el sentido común”.
Para ello debemos remontarnos a épocas en las que ése concepto tenía mayor validez para las relaciones entre los individuos. Por estos días es casi una utopía. Y no faltará quién se quede sorprendido ante tamaña afirmación. Nos está ganando la desmesura, los exabruptos, las insolencias, y las imposiciones donde el prepo es la fuerza de choque que intentan imponer ciertos grupos sociales cada vez más numerosos, haciendo gala, precisamente de los “derechos humanos”.
Ese sentido tan especial e impalpable “llamado común” puede manifestarse naturalmente a medida que uno vive o puede estar incentivado por la educación no sólo la académica, sino y sobre todo por la que se recibe en el hogar; la que deviene de una conciencia que incluye “al otro” en el universo personal; al que se le reconoce el mismo origen y la misma naturaleza. Estos solos conceptos ya presuponen que el sujeto que los reconoce tiene un sentido amplio y dinámico que lo orienta de manera natural y espontánea para “discriminar” es decir “ver las diferencias” entre las cosas y las acciones de este mundo.
Tener ideales y aplicar políticas encarcela esa capacidad natural y la vuelve rígida y dependiente de ese conjunto de normas y reglas en favor de una estructura de poder que se erige como guía que marca rumbos y establece “divisiones”. Todo poder se vuelve tal al apoyarse en el voto, que lo legitima, y en “eso reside el mayor peligro”: no es una verdad indiscutible que “la mayoría sepa lo que hace” es decir: para tener conciencia de lo que sería justo y necesario habría que “tener sentido común” libre de emocionalidades, apetencias personales, egocentrismos, sentimentalismos ignorantes, puesto que el ser humano es un “todo”, debe funcionar al unísono el cuerpo , la mente y el alma, no una sola de ellas, porque de ser así no establecería una acción holística, abarcativa en la que todo el conjunto humano fuera beneficiado.
De tal forma que el poder de turno elegido por la mayoría puede ser “inclusivo” o “excluyente”, con esto quiero significar que hay poderes que aceptan las diferentes corrientes de pensamiento en todos los sentidos y hay quienes sólo admiten las que consideran válidas para su “ideal” político o perfil filosófico, religioso o personal que le permita mantener “ese poder” intentando volverlo absoluto, en una especie de “psicosis” que niega la “relatividad de todo, aún cuando sea una verdad científica inapelable. De estos perfiles totalitarios y fascistas el mundo ha tenido y tiene en su historia múltiples y variados ejemplos que es innecesario nombrar porque forman parte del acerbo popular tanto de los que están de un lado como del otro de las ideas sobre “cómo debería ser la vida”.
Por eso y para intentar aplicar “los derechos humanos” que en su preámbulo y artículos es muy claro, puesto que se está manifestando en el plano ideal de la letra escrita, sólo que “la realidad en la que se dan las relaciones humanas está “en otro plano” que convive con multiplicidad de planos, todos válidos. Por eso es necesario apelar “al sentido común”; y para que éste esté vivo y sea real debemos ir hacia el origen; reconocer la esencia básica que nos hace humanos, libre de toda teoría que administre la vida desde “el tener”, puesto que somos “el ser”.
Para aplicar el “sentido común” inequívocamente debemos volver a darle “valor al ser”, que a su vez es parte integral de la naturaleza con todos sus reinos, no está separado de ella en lo más mínimo y es una estructura que debe mantener sus partes en equilibrio como por definición es toda estructura: un conjunto de elementos que mantienen una relación más o menos estable entre sus partes.
El sentido común le da al individuo un espacio en el cual “verse a sí mismo en relación a los demás” al tiempo que reconoce que “el otro” es “también un individuo”, otro ser humano y en ese espacio de tiempo, reconoce las diferencias, “que no son las básicas” puesto que son dos seres humanos terráqueos, pero sí puede darse cuenta, o por lo menos percibir, las diferencias evolutivas, que no significan superioridad de uno sobre otro, sino que refieren a las capacidades que se desarrollaron por “acción volitiva” es decir como resultado del esfuerzo y la incentivación en el desarrollo de la inteligencia intelectual y práctica. Algunos amplían su intelecto y otros la mejor manera de ganar dinero (dicho en forma básica y siempre partiendo de la base de hacerlo con honestidad). Esta última palabra “honestidad” es parte de una educación en la que se tienen en cuenta “al otro”; primero se deber ser honesto con uno mismo para serlo con el semejante; pero no se puede siquiera rozar ese concepto si no se tiene sentido común.
Porque “si todos tenemos derechos” pero estamos cegados por las emociones, los resentimientos, la ignorancia, los deseos desmedidos, sin lugar a dudas estaremos cegados para reconocer los derechos del otro y creeremos sólo en los nuestros. Está ceguera lleva a la violencia. No puede ser resuelta por la ley, que podrá aplicarse a un caso particular para dirimir diferencias, pero “esa discapacidad para tener sentido común y sentido de derecho” saltará por otro lado y lo más peligroso para una sociedad, “intentará agruparse, embanderarse políticamente” para “atropellar” “basados en el “poder”. No estoy hablando de un poder con nombre y apellido; puesto que es un concepto general que es parte de la humanidad.
El tema pasa por reconocer la causa que nos vuelve “parciales”, egocéntricos”, separatistas, y nos impide “ver”.
¿Ver qué? Por ejemplo:
De acuerdo con los sucesos acaecidos en la Calle Florida de Buenos Aires.
Allí se intenta aplicar “los derechos humanos”.
La calle Florida es una calle histórica (o cualquier espacio público en el que confluyen determinado valores que lo hacen tal) Cualquiera que conoce algo de historia sabe lo que significa y no puede desconocer “el valor” patrimonial que tiene. Pero patrimonio “no quiere decir, que porque nos perteneces a todos podemos hacer cualquier cosa con él”.
Usos y costumbres ha ido determinando su valor y su sentido. Tiene un nivel que no podemos mezclar con enfrentamientos “entre ricos y pobres”; es parte de una evolución que se basa en un conjunto de elementos materiales, artísticos y testimoniales que le otorgan un nivel que se fue construyendo con el tiempo. No puede interferir el “resentimiento de clase” impulsado por ideales de algún poder político que utiliza esos conceptos para dividir, acumular poder basados en una falacia, puesto que históricamente ese poder” que descalifica a la clase aristocrática o alta por su poder económico, al mismo tiempo la emula, acumulando riquezas personales, utilizando la credulidad de la masa que los apoya en forma descarada, mientras los dirigentes se enriquecen “siguiendo a esas clases altas a las que intentan destruir con discursos y medidas aparatosas para encandilar a esa masa cegada”. Pero todo esto no lo ve el conjunto ignorante que los sostiene, “creen en el palabrerío cegador de la justicia social y de los derechos humanos”, sin darse cuenta que para que los derechos humanos existan “hay que primero tener conciencia de la propia humanidad” y cuando en verdad se la tiene, se abre la comprensión y se incluye al otro sin intentar eliminarlo por lo que sea que nos imaginamos que es o tiene.
Los derechos humanos comienzan mucho antes de un preámbulo y unos artículos, nacen en la conciencia humana misma y si no es así, es estéril la aplicación externa. Será una justicia forzada. Y todo lo que se impone de tal manera no induce a la evolución, por el contrario, la pone en “espera”, para saltar luego por cualquier causa. Lo que verdaderamente hace a la evolución es la educación; primero la que surge del hogar, y luego la que se imparte en los colegios.
Si no modificamos la conciencia, si no incluimos el “sentido común” siempre andaremos en la periferia, perdidos. Si el sentido común nos impulsa, los derechos humanos son una extensión natural que siempre se expresará sin llegar a confrontar.
Pero claro, estoy hablando de evolución, de conciencia de ser, de niveles donde se da la bidimensionalidad donde los hombres de este planeta comprenden que “el ser está en el hacer y no en el tener”, eso sí, es necesario tener “amor”.

viernes, 10 de febrero de 2012

sábado, 4 de febrero de 2012

sábado, 14 de enero de 2012

Las cosas por su nombre

Las cosas por su nombre
(Nota publicada en el número 118 de Notiserrano)

Por José Luis Thomas

Cuando las palabras son vaciadas de contenido o como se dice vulgarmente “nos quieren hacer pasar gato por liebre”.

La palabra, su significado literal y el concepto que deriva en la conciencia popular debería remitir a una comprensión clara de la expresión humana. Pero no siempre es así.
Los ejemplos abundan, pero me voy a referir a uno muy popular y de moda.
Estamos en tren de comprender que todos somos diferentes, de tal modo que la homosexualidad, por estos días se estaría aceptando, por lo menos en lo aparente. Aún la sociedad guarda para esta forma de sexualidad algunos o varios prejuicios que no se anima a demostrar en virtud de no parecer atrasado.
Sin embargo, y referido al tema inicial, es interesante revisar algunos aspectos relacionados con la concordancia entre la palabra y su significación profunda.
Todas las personan podemos tener hijos; esto es independiente de la elección sexual y podemos sentir que somos respecto de ellos, padre o madre.
En el caso de los heterosexuales no habría inconveniente en la utilización de cualquiera de los apelativos de acuerdo con el género de cada uno.
La cosa comienza a chirriar cuando homosexuales y travestis eligen ser llamados padres o madres.
Y para dar un ejemplo bien crujiente he de referirme a Florencia de la V. Todo está bien con su sexualidad, con su arte, con su vida. Pero Florencia de la V. es un travesti que conserva su pene, no se ha operado. Esto no fue impedimento para que los que administran las leyes hayan vulnerado el espíritu de las mismas y le hayan otorgado su documento femenino. Es decir es un hombre, puesto que aún conserva el pene aunque su psicología diga otra cosa, y tiene un documento en el que figura como mujer. Otra demagogia más de los poderes o de quienes se arrogan la impartición de los Derechos Humanos (tan de moda por estos tiempos así como la ausencia de obligaciones y respeto por “el otro”, que también tiene sus derechos).
Una cosa son Los Derechos Humanos y otra muy distinta la permisividad de incoherencias conceptuales.
Y aquí me permito ampliar la significación de esta particularidad en virtud de esa incongruencia que lleva a confundir los conceptos que conforman la realidad.
Que Florencia no se haya operado es hasta el presente una indiscutible certeza de que su pene le es de utilidad en lo sexual. Es decir, es una persona con documento femenino que siente como varón a la hora de obtener placer sexual y darlo a otro. Es un fraude psicológico dirigido a la sociedad. Es una distorsión de las formalidades éticas y una desconsideración hacia sus congéneres.
Su esposo, es a su vez un homosexual tapado, (como tantos que no se animan a vivir con autenticidad) por cuanto goza del placer sexual entre dos varones, aún cuando tenga una esposa con documento femenino, pero que en lugar de vagina tiene pene. Separemos lo emocional que impide ver lo que es; es decir, una incoherencia que genera confusión y conduce el nivel de comprensión de las relaciones humanas a lugares en los que se devalúan las ideas, los conceptos y la autenticidad. Me permito deducir estos aprioris del hecho de que Florencia no se opera, porque sabe que el día que lo haga se acaba su matrimonio, puesto que a su pareja lo que lo estimula es justamente el pene.
Pensemos un instante: Un hombre que se acuesta con un travesti que parece mujer pero que en realidad es hombre, induce a considerar que el supuesto varón que elige este tipo de relación no asume su homosexualidad.
Luego Florencia tiene dos hijos de los que dice ser la madre; es decir una persona que siente como mujer pero utiliza su pene para darle placer a su marido, pretende imponer la idea de que es una madre. Y asevero esto porque si no fuera así, si no le diera placer, ya se habría operado. Es decir la sociedad debe asimilar que una madre ahora puede ser un hombre con pene.
Toda una confusión innecesaria.
Todos podemos tener hijos y criarlos independiente de la sexualidad que aceptemos tener.
Pero si un varón travestido (que aún conserva su pene) se hace llamar madre, está devaluando a todas las mujeres a las que llamamos madres.
Esta incoherencia, este modo de atropellar el lenguaje no es inocente; genera en lo profundo de la psique un relajamiento de aquellas funciones básicas que moderan el comportamiento social.
Y así en todos los niveles, las palabras están siendo vaciadas de sus contenidos y la sociedad se pierde en la multiplicidad de niveles de comprensión y casi está quedándose sin ellas. Ya no hay riqueza oral para expresar las ideas; la reducción del lenguaje es una evidencia que podemos parangonar con la disminución de hielos en los polos, paradigma que permite ver las mutaciones naturales por un lado y las humanas por el otro, en una suerte de vasos comunicantes que revelan la correspondencia global.
Podemos decir, en el caso de Florencia que todo está bien y quedarnos asimilando un absurdo para no desgastarnos, sin embargo, esa técnica por la cual pretendemos no darle trascendencia a las evidencias, no significa que no sea recogida por el inconsciente del que fluirá sin el control de nuestro yo de mil maneras, que a la postre se nos devolverá en “un estado de desasosiego, angustia, frustración, hasta llevarnos a la depresión”.
Son muchas las ocasiones en las que pretendemos que las cosas no pasan, no son, lo que no significa que no nos afecten y como la vida es relación, las consecuencias las sufrimos todos.
Cuando Florencia de la V. se opere, será un mujer y será natural llamarla madre, pero mientras conserve su pene lo natural será llamarle padre, aunque esté vestido como una mujer.
De lo contrario estamos dándole el mismo rango a lo real que a lo aparente y en ese juego permisivo y peligroso perdemos de vista la autenticidad y todo se vuelve una mentira. Por eso desde hace tiempo la sociedad padece de anomia, una profunda falta de confiabilidad. Desde hace mucho venimos devaluando la palabra y advertimos que no se corresponde lo que se dice con lo que se hace.
Los cambios son parte del movimiento (no siempre evolutivo) y como son una evidencia debemos aceptarlo, lo importante también –para no caer en profundas confusiones– es llamar a las cosas por su nombre.
Nada más hermoso y loable que “ser lo que se es”, con autenticidad y sin eufemismos; así las diferencias, lejos de separarnos, nos unifican en la validación de “seres humanos”, puesto que todos somos diferentes y no sólo por los “dones” que recibimos al nacer sino por la elecciones en cuanto a los valores permanentes en medio de la mutabilidad, que cada uno elige para vivir en este mundo y en relación con todo lo que es y éstos son: autenticidad, honradez, sencillez, humildad, visión bidimensional de los alimentos terrestres, coherencia, trabajo, respeto por cada criatura del planeta y por cada átomo que mantiene la cohesión universal, comprensión y amor. Todas estas cualidades hacen a la estructura de una personalidad consciente del sentido de la vida.

jueves, 23 de junio de 2011

¡Qué Madre! ¡Qué Hijo"

Como dice el tango: Todo es igual, nada es mejor...

La realidad es más sorprendente que cualquier ficción. En nuestro país, sobre todo, los actos cotidianos y los que se derivan de los poderes reinantes, se convierte en folletín de alguna novela sensiblera y mediocre que enrolla a la gente del pueblo como partícipes de ese contexto. Somos parte de la trama y si bien nos reconocemos en esos personajes taimados y ladinos, escuchamos y miramos con asombro lo que nos devuelven la voz y la imagen. Desfilan ante nuestra paciencia indolente una sucesión de actos ignominiosos, atropellos de toda índole y malversaciones tan luminosas que encandilan la vergüenza.
Son tantos los hechos cotidianos que delatan la inmoralidad del pueblo argentino, sobre todo de los que detentan el poder de turno, que por elegir uno al azar, al generoso azar, haré algunas reflexiones sobre el caso Schoklender.
Qué el haya actuado como todo indica que lo hizo, no me sorprende.
Que el gobierno haya actuado como lo hizo, no me sorprende; pero que esa institución de la democracia y de los Derechos Humanos que es Las Madres, haya dejado de lado su imparcialidad, sus objetivos específicos y su lugar dentro del orden guardián de los derechos de cada ser humano para convertirse en una empresita constructora, me desilusiona y me llena de dolor.
Fue raro que las Madres acogieran en su seno a un sujeto que asesinó a sus padres. Más allá de toda falsedad o verdad con respecto al caso judicial. La duda misma debería haber precedido con sentido común, en la elección de alguien que se presuponía un delincuente. Quizás fue porque se tomó al sujeto tratando de mostrar que no se discriminaba, pero más bien sonó como una afrenta.
Bonafini, fue desdibujándose con el paso de los años. Dejó paso a un ser desmedido, escatológico, que asumió una bandera equivocada, la del poder, la del partidismo, la del odio, la venganza y las divisiones.
Finalmente se han convertido en lo que perseguían. Tanto ellas, como abuelas. Se ha desbocado el sentido de justicia para atropellar de la misma manera que los militares atropellaron sus derechos.
Pareciera que digo algo exagerado puesto que no se mata a nadie ni se lo desaparece; sin embargo están vulnerando los derechos de los hijos de Noble al pretender que se hagan el ADN. Actúan igual que los militares, “desconocen la voluntad y el libre albedrío de los ciudadanos”. Han dejado de sugerir, de orientar, de acompañar y ayudar, para imponer su visión, siendo co-partícipes de la política del gobierno de turno.
Ya no son creíbles estas venerables ancianas. No son inocentes. No son imparciales. No están para custodiar, sino para negociar y manipular la sensibilidad popular necesitada de algo en lo qué creer.
Ellas, han abandonado su marcha silenciosa alrededor de la plaza, han perdido el poder del amor y del silencio; han sucumbido al poder, han tomado partido por una parte de la sociedad.
Ya no unen, ahora dividen.
Han dejado caer el pañuelo blanco en el fango que revuelven los hombres que han perdido el sentido de patria.
José Luis Thomas

domingo, 12 de junio de 2011

Y fue...

Poema de mi libro Todo lo que dicen mis pecados

Gaudium plenum
Alegría plena

Y fue mirarte y ver la luz
saber en un instante que el resplandor
venido de tus ojos era el presagio del amor
la tierna longitud del prodigio de ser
el nudo angular por donde fluyen las cotidianas
urgencias Los avatares sin nombre la promesa
urgente de sentir el clamor de la sangre
ese flujo de eones que deviene del alma
de tiempo en tiempo de voluntad en voluntad
y volviendo a tu mirada me pierdo en ella como un
crepúsculo que precede a las sombras y me cubre
me libra de todos los temores Esos que asaltan mis
vigilias adientes Mis desvelos helados Por eso
vuelvo a la memoria de tus ojos que guardo en la
penumbra de todos los sentidos y me quedo
abierto en luz dispuesto a la contienda del amor
que engendra una y otra vez el principio de todos
los principios
Así fundidos en el resplandor de los silencios somos
el nombre que se imprime en el círculo sin fin del
universo paciente que se da y se da sin solución de
continuidad.

sábado, 11 de junio de 2011